El fracaso

26 07 2006

El joven estudiante de prácticas permaneció en silencio un par de segundos. Sus ojos recorrieron la sala: decenas de afectados por una famosa estafa multimillonaria. Jovenes y viejos, hombres y mujeres que habían acudido allí buscando el camino, la respuesta para recuperar sus ahorros. Durante los últimos treinta minutos habían permanecido callados, algunos con disimulada indiferencia, otros con manifiesto aburrimiento, mientras aquel joven que no debía de haber cumplido los 25 les mareaba con los requisitos, formularios y documentos legales que durante las próximas calurosas semanas tendrían que rellenar.

El joven estaba agotado, su tercera asamblea, la garganta le quemaba, el sudor le perlaba la frente y sus pensamientos eran una masa gelatinosa de tecnicismos y matices jurídicamente retorcidos. Durante aquellos segundos aquel joven les daba -se daba- la oportunidad de contestar hasta el más intrincado rompecabezas legal, estaba en guardia, presto a cualquier estocada, pero para aquello, oh dios, después de horas de asambleas no, no, para aquello no estaba preparado.

Una mano se alzo en la tercera fila. Una señora rubia, cuarenta y pocos, dos lentejas por ojos y labios como lineas de lapiz agitaba el boli como una colegiala nerviosa.

“Sí, usted, ¿cual es su pregunta?”

La rubia cabeza ladeada, asco y desgana en el rostro: aquello se veía venir. Transparencias, gráficos, panfletos, repeticiones, aclaraciones y más aclaraciones para después de tanto esfuerzo acabar escuchando:

“No he entendido nada de nada”


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2 respuestas

27 07 2006
Ana

Vaya por dios! Lo siento pero me parece que es una situación más extendida de lo que uno pinesa y parte de culpa (creo) la tiene la facultad. Enseñan tecnicismos, palabras que sólo las entiende otra persona que haya estudiado lo mismo, pero no la gente ajena a ese mundillo. No creo que sea exclusivo de derecho, el clásico ejemplo es medicina…

Ánimo y tranquilo, las tablas se aprenden con el tiempo.

Por cierto, nos leemos en Septiembre!

27 07 2006
Vivas

No me gustaría estar en tu pellejo, macho. Un saludo.

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