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Al carajo con las opiniones de la gente

No esperaba postear hoy, a estas horas (las 2:13 de la madrugada) pero vengo calentito, me apetece escupir un poco de veneno y soltar lo que venía pensando en el coche. Qué cojones.

Resulta que un día cometes la equivocación de hablar de política con una persona que no va más allá del argumento de “González es un ladrón”, al otro tratas de discutir de inmigración con una persona que cree que lo mejor sería hundir las pateras cuando vienen de camino a España e incluso te descubres una tarde tratando de hablar con gente que defiende la pena de muerte porque “vale más que mueran unos cuantos inocentes a que vivan unos criminales”. Y es que muchas veces te das cuenta de que tratar de hablar de un tema es completamente inutil. Estéril. Y esa sensación es un verdadero asco.

Llamadme prepotente pero hay muy poca gente a mi alrededor con la que me guste hablar de ciertos temas, muy poca gente a la que tenga en cuenta a la hora de formarme una opinión sobre un tema. Al resto, cuando se enfrascan en debates, los tolero cuando no los tengo simplemente que aguantar porque no me queda otro remedio. Al menos hasta donde me dure la paciencia.

Sin embargo hay ocasiones en que experimentas esa genial sensación de sentarte en una mesa con un café o una cerveza y hablar de un tema controvertido y ver que las personas con las que discutes tienen ejemplos, argumentos, datos que poner encima de la mesa, que pueden sostenerse más o menos, pero ahí están. Su opinión tiene una base y posiblemente no se ha formado después de ver el informativo de las 3 de la tarde sino tras haber leido y haber confrontado. Claro que las fuentes no son siempre fiables y que muchos temas dependerán de a qué experto -o medio- consultes pero también está ahí la gracia, en que no se tiene porqué llegar a un punto final, que todo puede quedar en el aire y las posturas enfrentadas.

Lo que realmente me aburre soberanamente y a la larga acaba por cabrearme es este tipo de gente cuya verborrea se base en una colección más o menos invariable de prejuicios y tópicos que ha oido repetidos en esos shows de la mentira que ahora llaman informativos o que ha ojeado pasando las páginas de una revista. Y esos no son los peores, ¿habeis tratado desmontarle las teorías a un amante de lo paranormal alguna vez? no os lo recomiendo. Si os considerais escepticos es más fácil que trateis de enseñar álgebra a todos los perros de la ciudad antes de intentar hacer ver a un crédulo la cantidad de bobadas que se está tragando. Podeis acabar maldiciendo a Íker Gimenez entre gritos.

A ver, no nos equivoquemos, aquí nadie sabe de todo y de lo que sabe tampoco todo lo sabe (je-je) y por supuesto que nos equivocamos. Todos. Pero hay una gran diferencia entre la gente que sabe lo que sabe y lo que no sabe (vale, ya paro) y además conoce los límites de sus argumentos y la gente que solo ha oido campanas pero espera que su opinión sea tomada en consideración e incluso tan respetada como la de los demás.

Gilipolleces. Me importa un carajo su opinión, le prestaré tanta atención como merezca y si no me parece lo bastante bien fundamentada le daré una patada y la mandaré a la papelera de las miles de opiniones chorras que tendré que escuchar durante el resto de mi vida. Sin miramientos.

Harry el Sucio -se supone- decía que “las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno”. Personalmente añadiría: “y la mayor parte de las veces apestan”.

Por supuesto, todo lo anterior es perfectamente opinable.

Categorías:Opinión
  1. 20/5/2006 a las 2:26 am

    ¿Cómo, por allá también ocurre esto?

    Comparto tu desazón, cuando alguien no quiere debatir por lo menos por curiosear lo que piensan los demás, aun cuando él se tenga fe ciega en sus propias convicciones (dogmas), no vale la pena. Ahora si se agrega que su opinión es que se deben “eliminar” a todos quienes el considere molestia, termina por “emputecer”.

    Yo creo que lo que más te enoja es sentir la necesidad personal de respetar la opinión de muchos gilipollas -¿así se dice?-, es tu afán justiciero, pero hay muchos a quienes no les interesa tu justicia y se ufanan de ello.

    De ahora en adelante siéntate a la mesa con una cerveza o un café con quienes te aportarán algo más que sus dogmas, con los que compartirán contigo sus conocimientos.

    Apoyo tu sentir y decisión, he pasado por la misma situación.

    Saludos.

  2. 21/5/2006 a las 7:15 pm

    Antes que nada un saludo Federico. Me alegra ver una nueva cara por aquí.

    “pero hay muchos a quienes no les interesa tu justicia y se ufanan de ello.”

    En realidad no creo que sea un problema que lo que es justo o no. A veces si que es cierto que los hay que se regodean en lo ruines que son. No les importa, incluso sienten que son “librepensadores” por ello. Pero puede que una opinión no tenga nada de justa o equitativa o incluso que ese concepto no quepa dentro del tema a tratar y sin embargo se de el mismo “burrismo” en la argumentación. No expliqué bien lo que quería decir en el post. Lo que motiva todo el texto es que en muchas ocasiones te encuentras con gente poco o nada informada -es fácil darse cuenta cuando a los dos minutos de conversación solo repiten su conclusión una y otra vez sin plantear nada más, el típico “porque sí”- que además cree que con lo poco que sabe tiene más que suficiente para formarse una opinión de un tema complejo y exigen que respetes su opinión cuando no tratan no de explicartela sino de imponertela. En derecho sin ir más lejos me he encontrado con gente capaz de defender barbaridades dignas de Arnaldo Otegui (“político” afín a E.T.A.) solo basandose en su edad y su -supuesta- experiencia. Con argumentacion, cero.

  3. 21/5/2006 a las 7:22 pm

    Una cosa más. Me he dado cuenta que leyendo el título de este post se puede sacar una opinión equivocada.

    Primero, no estoy diciendo que solo tenga derecho a opinar quien pueda aportar algo nuevo o quien tenga conocimientos amplios de un tema. Tendría poco sentido viniendo de alguien que en su página a menudo solo da su opinión, sin aportar argumentos nuevos y que más de una vez a metido la pata opinando sin saber.

    Segundo, lo anterior de obsta para que considere que hay opiniones y opiniones y ni todas son iguales ni tienen el mismo valor. Algunas deben ser respetadas, en mayor o menor grado dependiendo de su fundamento y de su origen y otras simplemente deben ser deshechadas igualmente por su -falta de- fundamento o, por qué no, por su origen.

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