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El juego.

La policía había entrado en el banco. Un anciano con un buen chichón en la frente y una brecha en la ceja permanecía recostado, casi desparramado, contra la columna donde se apilaban los panfletos de hipotécas y seguros. La nerviosa comercial que normalmente atendía a los clientes en su mesa ahora abanicaba al herido con folletos de planes de pensiones llenos de soles y sonrisas falsas. Mientras, la interventora hablaba con la policia y lanzaba miradas entre el asombro y el odio hacia el “nuevo” que había llegado semanas antes a la oficina. Aquel muchacho que minutos antes parecía una persona normal ahora permanecía en el vertice más alejado de aquella oficina, agazapado tras la fotocopiadora, como un animal, con sonrisa triunfante y mirada desquiciada sujetaba con manos tensas y sudorosas el bastón que hasta hacía unos minutos había sostenido al anciano. Entre dientes, con palabras inconexas y una sinietra risa, repetía una y otra vez para sus adentros:  “sacó una libreta, una libreta igual que la que yo tenía… y yo fui más rápido… yo fui mucho más rápido que él… ¡¡¡yo tengo el tótem!!!”

Dedicado a todos los presentes en aquella “torrà”.

Ahora a ver si alguno se anima a hacer su propia versión.

Categorías:Personal
  1. Daniel
    17/11/2008 a las 6:55 pm

    JAJAJAJA MUY BUENO!!! Dios, aún sueño que llego a diferenciar palmerita y diamante…

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